La adicción, en una palabra, es debilidad. Es la incapacidad de controlar la propia voluntad, el hecho de dejar completamente de lado el mecanismo de toma de decisiones. Hoy en día, muchas personas viven como si estuvieran en piloto automático. Algunas son adictas a las redes sociales, otras a ciertas personas y otras a la pantalla de la televisión…
Las redes sociales, en particular, atraen a la gente como si fueran un imán. Detrás hay un algoritmo que te engancha sigilosamente; sabe mejor que tú mismo qué es lo que te gusta. Por ejemplo, te aparece un vídeo en TikTok y solo le echas un vistazo de unos segundos; ¡ya estás perdido! El algoritmo te va mostrando una tras otra opciones del tipo que te gusta. ¡Cuando levantas la vista, ya han pasado tres horas!
Os pregunto: ¿qué podríais haber hecho en tres horas? Sin embargo, cuando echáis la vista atrás, lo único que veis es una gran nada. Os preguntáis: «¿Qué he aprendido en estas tres horas?», y la respuesta es: ¡nada! Un tiempo totalmente malgastado. Por supuesto, las redes sociales también se pueden usar de forma positiva; pueden ser un medio de comunicación. Pero si solo se utilizan para matar el tiempo, en mi opinión, eso ya es una adicción.
Que no haya un propósito de existencia
No solo la tecnología, sino también la necesidad de vincularnos con otras personas ocupa un lugar muy importante en nuestras vidas. Las personas se vinculan con otras como si el único sentido de su existencia fuera esa persona. Sentirse dependiente de alguien, en realidad, pone de manifiesto un vacío interior. Como el individuo no se siente feliz consigo mismo, cree que se sentirá feliz cuando esa persona le llame o le envíe un mensaje.
En el momento en que le transmites a la otra persona el mensaje «No puedo estar con nadie más que contigo, dependo de ti», pierdes a esa persona. Porque los pensamientos siempre se hacen realidad. Cuanto más temas «¿Lo perderé?», más tu mente hace realidad esa pérdida en la que te centras. Primero tendrás que quererte a ti mismo, ser una persona completa. Cuando te respetes a ti mismo y te consideres perfecto, la otra persona también te respetará y no querrá separarse de ti.
No llenes tu subconsciente como si fuera un cubo de basura
Lo mismo ocurre con la adicción a la televisión. Cuando te sientas delante de la televisión, no eliges nada; ves lo que te ofrecen. Sentarse delante de la pantalla sin ningún propósito hipnotiza a la persona.
La televisión o las redes sociales, en realidad, suponen una forma de evadirse de la realidad. Cuando surgen problemas económicos, sociales o familiares en la vida, la gente se sumerge en la pantalla y se olvida de todo. Sin embargo, esto no resuelve los problemas, solo los pospone. Si los afrontas y buscas soluciones, serás más feliz. Debemos limitar el tiempo que dedicamos a ver la televisión a una hora determinada.
Hay gente que se pasa todo el día viendo las mismas noticias. Para que algo tenga valor informativo, tiene que ser negativo en un 90 %. Dejas la televisión encendida y vas llenando tu subconsciente con esas noticias negativas como si fueran basura. Es una adicción que te afecta psicológicamente.
