En la vida de todos tenemos gestos automáticos, hábitos que nos vienen de la infancia y prejuicios. Supongamos que no te gusta un plato. No se trata de una decisión que tomas en ese momento, sino que es el resultado de prejuicios o experiencias arraigadas desde tu infancia. Factores como tu forma de crianza, tu estructura familiar y tu entorno influyen en ese momento a la hora de tomar esa decisión.
Para poder programar nuestro subconsciente en función de nuestros deseos, juicios y objetivos actuales, primero tenemos que aprender cómo llegar hasta él. La clave para programar nuestro subconsciente pasa por las «ondas cerebrales». En el cerebro hay una actividad eléctrica constante y el electroencefalograma (EEG) registra dicha actividad. A la forma que adopta la actividad eléctrica de las neuronas registradas se la denomina «ondas cerebrales». En nuestro cerebro existen, básicamente, cuatro tipos de ondas:
Ondas beta: Las ondas beta tienen una frecuencia de entre 15 y 40 Hz por segundo. Corresponden a un estado de plena vigilia y conciencia. Estas ondas se observan en los momentos en que la conciencia está más despierta y en emociones intensas como la ira, el miedo o la emoción.
Ondas alfa: Las ondas alfa tienen una frecuencia de entre 9 y 14 Hz por segundo. Se trata de un estado de gran relajación, pero de vigilia. En el cerebro, estas ondas se observan en situaciones como la meditación o la relajación profunda.
Ondas theta: Las ondas theta se observan cuando nuestra mente se encuentra en un estado inconsciente. Su frecuencia es de 5 a 8 Hz por segundo. Se trata de un estado de somnolencia, letargo y la primera fase del sueño. Estas ondas también pueden observarse en estados de hipnosis profunda.
Ondas delta: Las ondas delta tienen una frecuencia de entre 1,5 y 4 Hz por segundo. Corresponde a la fase de sueño profundo del cerebro.
Cuando el cerebro se encuentra en estado «beta», la persona está completamente despierta. A esto lo llamamos «estado de conciencia». Pensamos, hablamos, tomamos decisiones, resolvemos problemas, hacemos planes, actuamos… En resumen, es el estado mental en el que nos encontramos la mayor parte del tiempo en nuestra vida cotidiana. Para poder introducir nuevas imágenes en nuestro subconsciente y convencerlo, el cerebro debe estar en la frecuencia «alfa»; podríamos decir que es un estado en el que el cuerpo está bastante relajado, pero el cerebro se encuentra en el estado previo a conciliar el sueño. Mediante sesiones de meditación, podemos relajar nuestro cuerpo y sintonizar nuestro cerebro con la frecuencia alfa. En la frecuencia alfa, nuestra conciencia, que actúa como «guardaespaldas» de nuestro cerebro, puede quedar inactiva. De este modo, podemos introducir en nuestro subconsciente las imágenes que queramos y cargar nuevos programas. En el momento en que nos decimos: «Voy a reflexionar un poco, tengo que pensar, voy a quedarme a solas conmigo mismo…», es el momento de calmarnos; es el momento en que necesitamos meditar para pasar a la fase alfa.
Cuando tenemos el pulso acelerado, estamos nerviosos o muy emocionados, no debemos tomar decisiones; debemos calmarnos un poco, reflexionar y luego decidir. Porque cuando respiramos hondo y nos calmamos, llega más sangre al cerebro y podemos analizar mejor las cosas. Pero debemos ser conscientes de esos momentos y saber gestionar bien los momentos en los que estamos enfadados. En momentos de riesgo, debemos orientarnos adecuadamente.
¿Qué carencias ves en ti mismo? Falta de confianza en ti mismo, falta de concentración o malos hábitos como fumar… Puedes cambiar todo eso. Pero tienes que hacerlo tú mismo. Primero tienes que quererlo tú mismo. No suelo recomendar otros métodos, como la hipnosis. Creo que, con una toma de conciencia natural y mediante intervenciones que tú mismo realices en tu subconsciente, podrás llevar una vida más saludable. Puedes lograrlo por ti mismo.
Los errores que cometes se van acumulando poco a poco en tu subconsciente sin que te des cuenta. No podrás percibir esta acumulación en un plazo muy breve. Tendrás que estar dispuesto a afrontar un proceso largo y empezar diciendo: «A partir de hoy voy a cambiar». Por eso, tendrás que ir poco a poco.
